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viernes, 16 de mayo de 2008

TE AMO POR LO QUE ERES

Un huracán de trópicos,
un campo impredecible
una luz que baja ansiosa
a fundirse en el rayo
del deseo.
Tú moldeas mi carne
y soy brizna leve que se mece
al poder de la música en tus dedos.
Mi hombro, palomar
para tu arrullo,
mi voz una plegaria de la sangre
y tú, brujo del amor, llegas
al aquelarre con la pócima
agridulce de los besos
malabarista para la vibrante
cuerda del amor.
Rito viejo como el tiempo,
como el mundo,
pero siempre deslumbrante
en la palabra cuando dices:
hágase la luz
y yo inauguro el sol
en mitad de mi sexo
y me decido a reinventar el mundo
o lo que es más: a desafiar a la muerte.

Te amo por lo que eres
me amo por lo que soy
cuando estoy contigo.

HABÍA OLVIDADO LAS COSAS SIMPLES

Había olvidado las cosas simples
como decir hola y sonreír
mirar a través de las vidrieras
y buscar golondrinas de verano,
tomar los parques de la mano
y vestirme de muselina blanca
así transparente como el aire.
Había olvidado el olor
de la mañana,
el chocolate y su espuma
del cielo de colores
y ese empezar el día
con alas y canciones.
Vuelvo a sentir la tentación
de mirar a los hombres
descubrir que tienen pasos largos
una barba con sueños,
que pueden inventarnos palabras
como arrullos
y ser una luz placentera entre los poros.
Vuelvo a encontrar esa dulce pereza
de entretener el ocio con gaviotas,
un castillo que trepe hasta mi alma
y ese violín detenido en una nota larga,
vibrante, elástica, como una piel enamorada.
Quiero el agua del grifo,
verla correr, dejar que dance su humedad en mis manos,
el olor del jabón y esa espuma que hace globitos
y me tienta a imaginar planetas transparentes
con hombrecitos pequeñas
de orejas largas y pupilas moradas.
La noche es una cama con almidón de sueños
y un amor vertical que me acompaña.

ESTA PIEL

Esta piel que yo estrecho
como mi propio nombre
tiene el sabor lejano
de las cosas sabidas.
Por eso me pregunto:
¿Dónde el cristal que siga
repitiendo el abrazo
hasta doblarme en dos, multiplicada?
Amar ya no es batalla
al filo de la noche.
Es juntar rosas
para que crezcan rosas
y después inventar un silencio
callando los relojes,
tapándole la voz a los murmullos,
una aurora desnuda
como la carne próxima al abrazo.
Dame tu piel como un vestido
para un viaje de amor.
Yo extenderé mi cuerpo
camino-piel para tu paso.
Toda soy
mi cintura y mi seno
un redondo equipaje de deseo.
El mundo puede ser
un pequeño lugar para los sueños
o un universo abierto para multiplicar
la vida.
No lo olvide,
lo recuerde mi sangre,
que oyó en un junio de manzanas:
¡esta es la luz!