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viernes, 25 de abril de 2008

TESOROS

Tengo más tesoros...

Un sol y una luna en equinoccio, atravesados de

cristal, como recuerdo de un blanco, en los que,

a veces, me reflejo

y me veo confuso...;

y un indio, salvajemente verde, armado,

con la mirada fija y herido en la espalda...;

también tengo un cuadrado, azul, la pieza de un

juego de mar;... i un velero antiguo rojo de

velas blancas hinchadas...; ¡y un cordoncillo!,

deshilachado en las puntas, como un cirio

sin cera, como un pabilo desprotegido y sin

quemar...; y un marco que me enmarca,

a oriente, un palmo en el cuadro de pared no

demasiado blanca, vivida y mirada, pulida,

ahumada...; y una máscara oscura que mira a ninguna parte,

como todas las máscaras,

capaz de verlo todo...;

también unos caramelos transparentemente verdes...;

y unas partituras, bajo palabras definidas

y de once navidades y un fin de año, fraternales...;

y muchas historias escritas, sabias, éstas

sí, de diferentes ejemplares...

algunas historias descritas y otras que

no saben leer y nunca, seguramente,

aprenderán...;


...y un pabilo ennegrecido rodeado por ceras

oscuras, deshechas, que se esgrafían en gris,

entonces en blanco, a lo largo de un candelabro

quebradizo, elegante, que me ilumina, encendido,

todo esto y, detrás, da fe a un Cristo

crucificado...;


y, recogiéndome miserias, cerillas ya quemadas,

polvos, trozos de velas fundidas, cabellos...

miradas cansadas,... un trozo de un tocador

maternal, de porcelana, que parece

agrietado, pero no lo está.

A la derecha, tengo un lápiz azul, de tinta

azul, con el que, sin saber si escribe,

aún no he escrito.

...


NOSOTROS

Nosotros,

un estallido de llantos y risas enloquecidas, descontrolado,

desnudos nuestros cuerpos ceñidos al deseo,

habiendo hecho el amor sabiendo que, mientras, lo volvemos a hacer.


Todo está allí, echado en la cama, a resguardo con la tranquilidad.

En un momento dado, ¡todo!, en el estallido del amor,

un amor sacudido en los nudos mejor anudados

para disfrutar y gozar de un sexo pensado en los sentidos.


Nosotros,

¡un espectáculo de lágrimas y sonrisas de verano!

y todo allí, echado en una cama prohibida pero libre,

con pieles y miradas de complicidad en los mensajes,

en un juego humano divinizado por plenitud.


Nosotros,

allí y adentro,

felicidad.


¡Que caigan las hojas y se cubran de nieves,

y que unas flores primerizas nos hablen de las noches cortas,

embrujadas pasaderas oscuras de un río de fuentes eternas,

los pasos abrazados en luna hacia un día barnizado de luz!.


Nosotros,

un poema, ante el mar, haciendo el amor.


Nosotros,

el mar que se hace versificando el amor. Lleno.


lunes, 24 de marzo de 2008

SABIENDO

"Sabiendo prendidas en tu piel

las veladoras de la felicidad,

sé de ti aún a oscuras..." -



Me decia mientras le veia en los ojos abiertos de par en par

una enloquecida búsqueda de libertad

que estallaba cuando conseguia hacerse con el interruptor de la luna.



Era muy feliz conmigo...

pero era mucho más feliz en ella.



CAFÉ ZURICH

Ante mí

los nuevos arqueros pasan con demasiada prisa,

pasan, corren, vuelan como saetas...

y, si esperan, lo hacen sin paciencias.

Van hacia direcciones diversas

y con ideas, aún, más dispersas ...

... pero ninguno de ellos parece echarse de menos

en las antiguas direcciones

que fueron el blanco de tesarse,

el blanco de enamorarse

aprendiendo a arquear la sangre...

y que, con suerte, hoy son numeros y letras

arrinconados con peso de borrador

en olvidadas agendas.

Para los arqueros noveles,

las historias antiguas son grises:

pesadas las, casi, deshechas rosas

y miedosas sus, ya ensangrentadas, espinas.

Mucho momento de amante

y mucho instante de guerrero,

pero poco oficio de arquero...

(Los viejos arqueros no pasean, hoy, por aquí ...

Rambla abajo ... con fe ... tal vez en otro café ...)



sábado, 16 de febrero de 2008

MIENTRAS TANTO


Mientrastanto,

llegará el destino dejándolo de hacer.

Y sin dejar que la vida

deje de ser el juego a vida o muerte,

sentirás crecer desde la raíz

el verde sangre del beneficio verdugón,

la nueva rama abrazada al rosal,

mirada por girasoles neonatos que aún no ve,

clavada,

tal vez después ensangrentada,

pero, ojalá, obsesa en el perfume.


LAS GRIETAS



Las grietas en la piel de la vida son sonrisas

que, a cicatrices, pulen el plano de la felicidad,

surcando gestos y pliegues,

sobre todo en el rostro

y ante todo en los ojos.



Esparciéndose laberínticamente por la piel

o cayendo por los acantilados de los años,

creciendo a la mirada en tempestades y sombras,

recortes de puertas y más rostros y ojos de reojo...



Así una sonrisa al cuerpo y a la mirada

nos cicatriza la felicidad en la vida,

ayudándonos a dar cada nuevo paso a tiempo

sin que se nos condene a ser enterrados

en la mortaja de la última pisada...

válida según el mundo y sus arenas,

pero poco querida, ya, en las tardes de casa.


TESOROS



Tengo más tesoros...

Un sol y una luna en equinoccio, atravesados de

cristal, como recuerdo de un blanco, en los que,

a veces, me reflejo

y me veo confuso...;

y un indio, salvajemente verde, armado,

con la mirada fija y herido en la espalda...;

también tengo un cuadrado, azul, la pieza de un

juego de mar;... i un velero antiguo rojo de

velas blancas hinchadas...; ¡y un cordoncillo!,

deshilachado en las puntas, como un cirio

sin cera, como un pabilo desprotegido y sin

quemar...; y un marco que me enmarca,

a oriente, un palmo en el cuadro de pared no

demasiado blanca, vivida y mirada, pulida,

ahumada...; y una máscara oscura que mira a ninguna parte,

como todas las máscaras,

capaz de verlo todo...;

también unos caramelos transparentemente verdes...;

y unas partituras, bajo palabras definidas

y de once navidades y un fin de año, fraternales...;

y muchas historias escritas, sabias, éstas

sí, de diferentes ejemplares...

algunas historias descritas y otras que

no saben leer y nunca, seguramente,

aprenderán...;



...y un pabilo ennegrecido rodeado por ceras

oscuras, deshechas, que se esgrafían en gris,

entonces en blanco, a lo largo de un candelabro

quebradizo, elegante, que me ilumina, encendido,

todo esto y, detrás, da fe a un Cristo

crucificado...;



y, recogiéndome miserias, cerillas ya quemadas,

polvos, trozos de velas fundidas, cabellos...

miradas cansadas,... un trozo de un tocador

maternal, de porcelana, que parece

agrietado, pero no lo está.

A la derecha, tengo un lápiz azul, de tinta

azul, con el que, sin saber si escribe,

aún no he escrito.

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